Delhi
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Arriba. Delhi se ha convertido con los años en una de las principales ciudades del planeta. Es la puerta de entrada a India y el lugar donde confluyen visitantes de todas partes del mundo con los más diversos propósitos. Quien viene a Delhi debe conocer, más temprano que tarde el Main Bazaar, espacio multirracial de encuentro planetario, donde seres de todo el mundo confluyen en un área no mayor a diez cuadras. La tolerancia y la armonía de la cultura India se mezcla con lo inhóspito y hasta hostil de su acercamiento a lo físico y al confort. La vida bulle en Main Bazaar de una forma única y los buscadores de todo, no sólo espirituales, pueden hacer de este lugar su hogar por unos días.
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Derecha. En Main Bazaar se encuentra lo que se quiera encontrar, es la respuesta a cualquier cultura y costumbre, es la fuerza de una ciudad que crece más rápido que sus posibilidades y un espacio casi intolerable que luego se vuelve, tal como lo asegura Shaktiananda: entrañable puerta de entrada y de salida. En la foto se observa un apacible Main Bazaar temprano en la mañana, antes de comenzar su frenética dinámica. |
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Arriba. El lugar más inhóspito y necesario de Delhi es la vieja estación del tren. La Madre y los peregrinos fueron allí muy temprano en la mañana, lo curioso es que no iban a tomar un tren, iban sólo, contentos, a esperar.
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Derecha. La espera siempre trae consigo encuentros interesantes. En la imagen se observa ante la atenta mirada de los discípulos de la Madre, a un trío de guerreros Sikh. Los Sikh no se cortan el cabello ni la barba desde su Iniciación, por eso el uso obligado de los turbantes. Los guerreros de la estación son parte de la guardia del Golden Temple de Amritsar, los defensores de la Fe del Gurú Nanak. |
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Arriba. La fugaz llegada a Delhi tenía que contar con un encuentro veloz pero fundamental: Swami Shankaracharya Divyanand volvía desde Bihar e inmediatamente tomaba un automóvil hacia Rishikesh. El tiempo fue suficiente para que la Madre y Shivananda, junto con Sudhakar Sharma, secretario y hermano del Pontífice, planearan en la atestada estación central de Delhi un encuentro tan afectuoso entre la Madre y Swamiji como efectivo en la planificación de las primeras dos semanas de la peregrinación, que se dieron bajo el resguardo y la guía de Shankaracharya Swami. En la imagen la Madre y Swamiji comparten sus bendiciones y comentarios sobre el viaje al ritmo de una veloz caminata hacia el automóvil.
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Derecha. Shankaracharya Swami, Sudhakar Sharma y Swami Shivananda ultimando detalles de las peregrinaciones y actividades. Una semana después, la Madre se encontraría de nuevo con Swamiji en Chakpoli, para celebrar el Mahashivaratri. |
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Arriba. Delhi es, como ya se ha notado, una ciudad de contrastes. Si bien en esta oportunidad los peregrinos la visitaron en tránsito hacia otros destinos, siempre hubo tiempo para ver sus maravillas espirituales. |
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Izquierda. Otra de estas maravilas es el Bahai Temple. El “Lotus Temple”, como lo conocen en la ciudad, fue construido por los seguidores de la Fe universalista Bahai, y es una impresionante visión de un loto abierto, con todo su significado y simbolismo. La arquitectura del Lotus Temple rompe con los esquemas de todas las tradiciones espirituales y se coloca como un espacio de encuentro de todas las religiones. |
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Izquierda. En la foto se observa al grupo de peregrinos entrando al Templo de Loto, en el cual se debe hacer absoluto silencio. Guías, en todas las lenguas, avisan al visitante que sólo se puede entrar a meditar durante unos cinco minutos, y proyectar bendiciones a toda la raza humana. |
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| Arriba. Imagen del grupo, con el Loto y los hermosos jardines como impresionante decorado. |
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| Arriba. Al atardecer sucede este extraordinario evento. El sol se suspende durante algunos segundos justo en el centro del Loto, y despliega desde allí su fuerza y bendición. |
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Arriba. La Madre estuvo por tercera vez en Akshardam, parada obligada de viajeros y peregrinos que pasan por la metrópoli. Este templo, consagrado a Bhagwan Swaminarayan, es considerado por muchos como la verdadera octava maravilla del mundo, dada la sublime belleza de su arquitectura, sus jardines y esculturas, que no dejan de sorprender al visitante.
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